domingo, 28 de octubre de 2012

REFLEXIÓN DE LA CLASE DE PRÁCTICA


Quienes han tratado de explicar el desinterés de los jóvenes por el conocimiento escolar encuentran que uno de los obstáculos para la apropiación del saber está representado por las prácticas de enseñanza, ya que éstas han priorizado la memorización y el enciclopedismo sobre la participación activa de los estudiantes en la adquisición de conocimientos y habilidades significativos para su vida presente y futura”. (Tirado, 1990; Quiroz, 1992).

Realizar una práctica dentro de una escuela secundaria no sólo significa estar frente a grupo y exponer el tema asignado, al contrario, es una oportunidad de aprendizaje tanto para alumnos como para el profesor, donde al final la reflexión de la misma enriquecerá la experiencia. Es este caso, la clase presentada a los jóvenes fue dentro de la escuela secundaria técnica 10 “República Italiana”. A pesar de que han pasado ya varios días de lo que experimenté dentro del salón de clases, los recuerdos aún siguen presentes y cada vez que pienso es ello, encuentro algo nuevo que me hace pensar en lo que sucedió o específicamente que hice yo para que las cosas saliera bien o mal dentro del salón de clases.

Es esencial en ese momento que los alumnos nos perciban como maestros que saben lo que quieren, tienen un plan racional y dan una clase interesante. Quizá también nos defraude un poco en este primer encuentro la capacidad de rendimiento de la clase, en uno u otro punto, quizá la pronunciación correcta del idioma propio o extranjero no sea satisfactorio, los alumnos no sean tan buenos como pensábamos en cálculo aritmético, o no sepan las cosas que suponíamos en ciencias naturales. Debemos tener cuidado de no hacer quedar mal a ninguno ni de manifestar nuestro desencanto con sus deficiencias. Eso sólo perjudicaría nuestro primer contacto. Nos comportamos de manera neutral, objetiva; sólo nos proponemos en nuestro interior modificar esto o aquello.” Hans Aebli (1998)

Mi primera clase de práctica inicio de esta forma, con una imagen que mostraba a dos personas en su habitación, buscando la vestimenta adecuada para usar en una noche de concierto. Se les pidió a los alumnos que hicieran una lluvia de ideas acerca de lo que podían observar en la misma. Después, se le entregó a cada alumno una conversación escrita para que pudieran seguir la lectura que se iba a hacer y la cual tenía relación con el dibujo presentado. Durante esta actividad me faltaron varias cosas, la más importante fue que, se les presentó la información pero no la contextualicé lo suficiente como para que los alumnos captaran la idea desde un inicio. Esto se dio porque al terminar la lectura de la conversación pasé rápidamente al siguiente paso.

El comportamiento y cooperación de los adolescentes fue excelente, ya que estaban tranquilos y prestando atención al momento de que se les presentó el trabajo y además participaron en la lluvia de ideas y en la presentación del modelo de la clase. Sin embargo, la cuestión ahí fue mía, puesto que si ya tenía la atención de ellos, pude haber hecho algo más con el contexto para que se sintieran más atraídos al tema y para que se les hubiera hecho un poco más fácil entender de lo que estaba hablando, tal vez haciendo una representación frente a ellos por ejemplo.

A pesar de estos errores, logré que los jóvenes atendieran a lo que yo estaba haciendo y pude darme cuenta de que varios de ellos estaban respondiendo a mis cuestionamientos de forma correcta. Eso me motivó y quitó los nervios con los que inicie la clase y gracias a esto me relajé y me di cuenta de que éste suceso despertó en mí un interés especial por seguir con la clase y tratar de hacerla amena pero entendible para ellos. La actitud que tomé hacia el grupo en este momento me ayudó bastante para continuar.

Tenemos que hacer el propósito de no mostrarnos susceptibles cuando algo no marche como lo esperamos; cuando un alumno realiza alguna torpeza o intenta provocar. Sabemos que las reacciones desproporcionadas son señal de debilidad y serán entendidas como tal por los alumnos.” Hans Aebli, (1998).

Hasta éste momento, el manejo de control del grupo estuvo muy bien porque mientras les presentaba la información pude tomarme un momento para observar qué hacían los jóvenes y la mayoría de ellos estaban atentos a la actividad.

El siguiente paso fue la observación reflexiva. Después de la lectura pregunté si observaban algo diferente dentro de la conversación escrita para así poder mostrarles el modelo de la clase en una cartulina en grande pegada en el pizarrón, la cuál contrastaría con la imagen presentada anteriormente. Aquí, trataba de acentuar lo más importante para que ellos reaccionaran y se dieran cuenta de que lo resaltado era lo que estaríamos aprendiendo. Pasé a mostrarles diferentes ejemplos escritos e imágenes que los ayudarían a comprender un poco más. Durante éstos hacía preguntas para verificar el grado de comprensión que estaban obteniendo. Posterior a esto, se presentaron ejemplos utilizando pertenencias de los jóvenes y apoyándome en ellos para representarlos. Aquí trataba de que fueran los alumnos los que me dieran ideas similares a las que se habían presentado y una gran parte de ellos así lo hicieron, entonces esto me dio pauta para continuar con la siguiente actividad.

Los alumnos suelen estar de acuerdo en que un buen maestro es aquel que explica los contenidos de su materia de forma que ellos entiendan. Un buen maestro hace su clase "amena" y "despierta" el interés de sus alumnos por aprender -aunque de entrada la materia en sí misma no les resulte atractiva- y los "hace pensar"; además, permite que los alumnos participen discutiendo los temas, exponiendo ante el resto del grupo, investigando y trabajando en equipos dentro del salón de clases.” Santos del Real (1999).

La observación reflexiva resultó de forma positiva porque los alumnos parecían interesados por los diferentes factores involucrados, uno de ellos, el material. El contenido que se les estaba proporcionando lo estaban captando y había bastante participación de su parte, participación efectiva, ya que las respuestas que me daban eran correctas. Además, involucrarlos en el proceso fue una excelente idea, ya que poco a poco ellos se iban dando cuenta de lo que estaban haciendo y por consecuencia el resto del grupo, o la gran mayoría  también lo hacían.

Con respecto al control del grupo, creo que implementé una buena estrategia, porque a pesar de que se observaba que había movimiento de alumnos, lo hacían porque querían participar pero en ese momento se dieron instrucciones de que solo unos cuantos eran los que pasarían al frente y así lo hicieron.

Como en ese momento sentí que los alumnos estaban listos para continuar, proseguí con la conceptualización abstracta donde el material presentado ayudó positivamente, elevando aún más el interés y la motivación de los jóvenes. Fue aquí, donde pude observar el propósito de mis materiales visuales, ya que motivaron a los alumnos aún más. Al reflexionar sobre éste momento, recordé lo que nos había comentado el maestro Diego acerca de la ecuación motivacional. Ésta mencionaba que los alumnos tienen necesidad de aprender, de avanzar del punto donde se encuentran hasta llegar a su meta. Donde sus expectativas los llevarán a sentirse capaces de hacer todo lo que se les requiere y aún más, todo esto con éxito y encontrar que el valor de su trabajo no será en vano. A partir de este suceso fue donde inicié a tratar de concretar las ideas con la ayuda de los jóvenes. Sin embargo, fue en este paso donde, en algunos de ellos, empezó a surgir confusión y dudas mientras otros continuaban participando sin problema.

La situación fue que no detecté estos imprevistos a tiempo porque si un grupo de alumnos tenía la misma duda pude haberla aclarado al frente para generalizarla y así tratar de que quedara más clara, pero no fue así. A consecuencia de esto, el control del grupo empezó a quebrantarse un poco, ya que los alumnos que no entendían se sentían perdidos sin saber qué hacer.

A pesar de este suceso, continué con la clase, presentando la así llamada experimentación activa. Se les proporcionaron materiales a los jóvenes para que realizaran una actividad donde ellos demostrarían el grado de comprensión que había adquirido. Sin embargo, a consecuencia de lo que pasó anteriormente, no todos los alumnos lograron terminar el trabajo como se les había pedido. Las dudas entre algunos de ellos seguían existiendo y me vi en la necesidad de acudir a ellos para aclarar sus dudas de forma personal. Recorrí los espacios entre los alumnos para monitorear el trabajo que estaban realizando. Mi sorpresa fue que, aunque tenía el temor que esas dudas se hubieran expandido, la mayoría de ellos estaban recreando el ejemplo que se les había presentado no sólo con imágenes sino también con oraciones que identificaban a las mismas.

Lamentablemente el tiempo se terminó y aunque hubo algunos que no realizaron el ejercicio correctamente, todos lo entregaron a la maestra titular, la cuál les comentó que los tomaría en cuenta para su clase. En esta actividad fue donde repercutió mi falta de observación con respecto a las dudas del grupo, ya que de haberlo hecho tal vez el grupo completo habría realizado la actividad de forma correcta y completa. Sin embargo, una de las cosas buenas y gratificantes fue ver que por lo menos la mitad o más de la mitad del grupo entendieron el tema que les presenté.

El manejo del grupo, en esta sección de la clase, fue un poco más difícil. Los jóvenes que no entendía empezaban a desesperarse y a llamarme constantemente para que les ayudara a realizar la actividad ya que tenían la presión de entregarla a la maestra para que les contara en su calificación del primer bimestre. Entonces el nivel de ruido empezó a aumentar a causa de lo ocurrido. Sin embargo, a pesar de esto los alumnos no se salieron totalmente de control.

Con respecto a las observaciones por parte de mi profesor de OPD acerca de la clase que impartí. No tuve la oportunidad que me las entregara en el momento ya que fue en la última hora. Al siguiente día, acudió a la escuela y me pidió que saliera del salón para que pudiera comentarme lo que estuvo bien y en lo que tengo que mejorar. El profesor me entregó una rúbrica donde venían diferentes puntos a evaluar durante la clase y con referencia a ésta me dijo que la clase que había dado fue buena. Sus puntos fueron que la actitud que había mostrado frente al grupo me había ayudado a mantener el interés de los alumnos, los materiales creados fueron excelentes ya que estaban ligados a los intereses de los jóvenes, las actividades creadas se explicaron de forma que los estudiantes entendieran, además de que mi lenguaje corporal iba acorde a lo que decía por lo tanto me ayudaba más a que los adolescentes entendieran el mensaje, el lenguaje que utilicé fue correcto sin embargo pude haber utilizado palabras un poco más comunes y fáciles de entender para los alumnos. El control del grupo en general fue bueno ya que hubo participación y coordinación de actividades.

Los aspectos en los que tengo que mejorar son la implementación de warm-ups y en utilizar más a mi favor el contexto presentado a los alumnos, es decir, darle un uso más amplio y que no solo sea una introducción a la clase sino una de los aspectos más importantes que me darán la pauta para una clase con éxito.

Aunque en la clase que impartí me fue bien, sé que aún tengo mucho por aprender porque esto solo fue el inicio de nuevas experiencias que vendrán y nuevos retos que tendré que enfrentar. Por lo tanto, cada aportación con respecto a mi práctica y cada una de las observaciones significan una oportunidad de seguir adelante y mejorar no solo en mi desempeño dentro del aula, sino en las planeaciones futuras donde estos aspectos influirán en mi forma de organización.

Es decir, que la única manera de respetar la libertad y el normal desarrollo de las actividades infantiles será acomodar a ellas nuestra acción y sólo podremos lograrlo si prevemos, si meditamos, si preparamos cada día, las tareas que en la escuela han de ser realizadas. Es una concepción falsa la de creer que la autonomía absoluta de la clase y la improvisación de lo ocasional son las formas auténticas de la educación activa.” Ballesteros y Usano, (1964).

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