La semana procedente de la jornada iniciamos a ver los
videos de lo que sucedió durante nuestras clases. Todos hicimos comentarios de
los que observábamos y de las características de los compañeros al estar
impartiendo las lecciones. Sin embargo, pues cada uno de nosotros sabemos si
realmente hemos aprendido algo, si hemos superado algunos obstáculos o si
seguimos continuando con lo mismo.
Durante mi jornada, no me sentí igual de que la anterior.
Sabía que los alumnos de esta escuela secundaria eran difíciles sin embargo eso
no me impidió para que hiciera todo mi esfuerzo para trabajar con ellos. Los nervios
no llegaron en ningún momento a mí, al contrario, al conocerlos entendí que no
podía demostrar debilidad ante ellos porque sería peor.
Cuando llegué a impartir la clase a segundo estaba
relajada y traté de hacer el trabajo como lo llevaba planeado y el grupo
respondió bien, no de maravilla pero hicieron sus trabajos. Pero a comparación
de la actitud que tuve con ellos, en el grupo de primer grado llegué con más
actitud y les expliqué cuales iban a ser las reglas durante la semana de
trabajo. Los alumnos captaron lo que quería y cuando les llamaba la atención,
porque el ruido empezaba a aumentar, en cuestión de segundos guardaban
silencio.
Aunque los jóvenes de primer grado no se mostraron
participativos desde un inició, las actividades que llevaba programadas para
ellos me ayudó a que se sintieran más en confianza. El trabajo realizado con
ellos me gustó mucho y esa personalidad de profesor de la que tanto habíamos hablado
siento que se apoderó de mí.
Se que aún me falta mucho y que mis clases para nada son
perfectas y que tengo mucho por mejorar, como el tono de voz, que aún no se
como lo haré pero es como todo, la práctica hace al maestro J.
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